Las personas migrantes una de las poblaciones más afectadas ante la pandemia COVID-19

Las personas migrantes una de las poblaciones más afectadas ante la pandemia COVID-19

La pandemia COVID-19 presenta un gran reto para la población en general; sin embargo, hay minorías, como las poblaciones migrantes, que presentan una afectación mayor.

A inicios de 2020, el COVID-19 comenzó a propagarse y afectar la vida de las personas en diversas partes del mundo (Clark et al., 2020; Fegert et al., 2020). Debido a la contingencia sanitaria, las personas han estado viviendo diversas situaciones que tienen repercusiones psicosociales. Las personas migrantes son una de las muchas minorías, que se enfrentan a una serie de vulnerabilidades por la pandemia (Kay, 2020), sumado a las condiciones que viven en su proceso migratorio. El presente trabajo señala las implicaciones de ser migrante en tiempos de pandemia y las afectaciones de salud mental que vive la población migrante ante la pandemia.

¿Qué implicaciones tiene el ser migrante en tiempos de pandemia?

La pandemia por COVID-19 ha generado en todo el mundo que los gobiernos impongan políticas de encierro para las personas. Esto, ante la justificación de frenar la transmisión y propagación del COVID-19. Campañas como “quédate en casa”, han estado presentes en el transcurso de la pandemia como medida preventiva al contagio. Algo que cabe mencionar es que dicho encierro puede tener afectaciones en la salud mental de las personas (Sajid et al., 2020, Kay, 2020).

Lamentablemente, la consigna “quédate en casa” no contempla a los grupos vulnerables, como la minoría migrante, que puede encontrarse en tránsito o en proceso de solicitud de asilo, y es dejada fuera de la campaña “quédate en casa”. Esto significa que quizá esta campaña no aplica para ellos y no está pensando en ellos, debido a que en ocasiones no tienen un espacio seguro en donde quedarse, lo que les expone a un mayor riesgo de contagio. Por lo común, puede que se encuentren en un centro de detención, escondidos por el temor a ser deportados (Kluge et al., 2020), viviendo en un albergue o en situación de calle.

Por otro lado, también se implementaron como medidas preventivas ante el contagio COVID-19 el cierre de espacios que congregaban a un gran número de personas (Fegert et al., 2020; Kay, 2020; Otu et al., 2020; Sajid et al., 2020). En estos cierres, muchos países también consideraron el cierre de fronteras; anulando tanto entradas como salidas. Esto no sólo repercutió a turistas, sino que también tuvo alcances hacia la población migrante de todo el mundo, principalmente, a aquella en detención. Las personas migrantes en detención, debido a las condiciones de hacinamiento y nulo acceso a los servicios básicos de salud que viven, padecen de una mayor vulnerabilidad a la posibilidad de un contagio por COVID-19 (Bhopal, 2020; Kluge et al., 2020).

Otra de las afectaciones presentes en la población migrante es la devolución o deportación forzada que han vivido al ser devueltos a su país de origen, lo que afectó principalmente a las personas en detención y a solicitantes de asilo. Esta acción incumple el derecho de protección internacional1 hacia la población solicitante de asilo, que viola su derecho de no devolución. Esta acción se implementó con la justificación de realizar medidas preventivas ante la propagación del COVID-19. Sin embargo, estas deportaciones se realizaron ante un estigma y discriminación hacia la población migrante, considerándoles, por el solo hecho de ser migrante, personas transmisoras directas del COVID-19, hacia la población nativa (Fegert et al., 2020; Kluge et al., 2020).

La población migrante que no está en detención también se ha visto expuesta a un alto riesgo de contagio por COVID-19. Esto, debido a las dificultades psicosociales, a las desigualdades económicas, administrativas, jurídicas, de atención sanitaria y de inseguridad alimentaria que viven. Condiciones que les obliga a salir a trabajar a pesar de la campaña “quédate en casa” (Bhopal, 2020; Clark et al., 2020; Kluge et al., 2020; Otu et al., 2020). Además de las preocupaciones psicosociales y económicas que viven en su proceso migratorio, se suma el aspecto de salud, por el riesgo a un contagio de COVID-19. Muchas de estas personas tienen afectaciones económicas debido a que viven al día, suelen tener trabajos mal remunerados, sin derechos laborales y sin garantía de atención médica (Clark et al., 2020; Kluge et al., 2020), además de la posibilidad de estar desempleados o haber sufrido un despido laboral.

El insuficiente acceso a servicios que tiene la población migrante en su proceso migratorio, se incrementa por la pandemia. Lamentablemente, muchos de los servicios que recibían de manera gratuita, por parte de voluntarios de organizaciones y albergues, se han cancelado. Debido a que estos espacios de atención también están cerrados por la pandemia (Bhopal, 2020; Clark et al., 2020; Kluge et al., 2020). Esta situación vulnera aún más a la población migrante al no contar con un espacio disponible para resguardarse o para recibir atención.

Principales afectaciones de salud mental de la población migrante ante la pandemia

Las personas migrantes, al dejar sus países de origen y optar por vivir en otro, independientemente de las causas, presentan una serie de características que afectan su salud mental o emocional. Achotegui (2009, 2012) y Loizate (2004, 2006) refieren que las personas migrantes viven una repercusión emocional derivada de los factores psicosociales, el estrés y una serie de duelos derivados migratorios. Estos en relación al nuevo entorno del país de destino, y en algunos casos, a aspectos que extrañan del país de origen.

Los inmigrantes en el país de destino presentan un estrés excesivo, que puede repercutir en un Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT)2, depresión y ansiedad (Loizate, 2006). Aunado a los aspectos emocionales que viven las personas migrantes en el proceso migratorio, se suman las afectaciones o dificultades que se presentan ante la pandemia, las cuales, también tienen repercusiones en la salud mental (Clark et al., 2020; Otu et al., 2020).

Las restricciones al contacto que se han derivado por los programas de quedarse en casa, han conllevado a algunos migrantes a dejar de tener relación con sus redes de apoyo. Así como, sentir un temor latente a una deportación forzada. Estos y otros aspectos, que se han presentado por la pandemia COVID-19, han repercutido en su estado emocional, resaltando el miedo, enojo, irritabilidad, mal humor, insomnio y agotamiento emocional (Clark et al., 2020; Fegert et al., 2020).

Si bien las poblaciones migrantes viven una serie de circunstancias adversas que las pone en riesgo ante el COVID-19. Dentro de éstas, se encuentran otras poblaciones migrantes como las niñas, niños, adolescentes y mujeres que pueden estar viviendo una vulnerabilidad mayor (Clark et al., 2020; Kay, 2020; Sajid et al., 2020). Durante la pandemia, en muchos países, la violencia doméstica, la violencia infantil y el abuso infantil, han tenido un alarmante aumento (Fegert et al., 2020; Kay, 2020; Sajid et al., 2020; Otu et al., 2020). Esta situación no se descarta en la población migrante, ya que podría haber una situación de violencia, misma que se puede ver exacerbada ante los factores estresores presentes.

Autora: Mayra Alejandra Valdivia González

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