El humanismo de la Navidad

El humanismo de la Navidad

Desde hace casi dos años nos hemos enfrentado a una situación que llegó para desafiar nuestra integridad humana y la cohesión de nuestra sociedad, y el nacimiento de Jesús se sigue en esta realidad complicada. En vísperas de esta celebración, vale la pena recordar los valores que este festejo evoca.

¿Por qué es importante el humanismo en la Navidad?

El nacimiento de Jesús de Nazaret, el cual celebramos cada 25 de diciembre, es un acontecimiento histórico rodeado de esperanza, humildad y amor.

Más allá de crear una imagen romántica de la pobreza en la que nació Jesús, la celebración de la Navidad debe motivarnos a crear conciencia para empatizar con los vulnerables y olvidados y, de esta manera, encarnar el humanismo en obras para mejorar nuestra sociedad. San Ignacio de Loyola nos recuerda en el texto de los Ejercicios Espirituales, que el nacimiento del Hijo de Dios es, precisamente, para “hacer redención del género humano” (EE 107).

En otras palabras, conmemorar este suceso es recordar a Jesús y a todos aquéllos con los que él se asoció: pobres, migrantes, marginados e invisibilizados. Encontrarnos con él y con su humanismo es enfrentarnos a nosotras/os mismas/os y reflexionar sobre lo que somos, lo que queremos ser y lo que nuestra sociedad necesita que seamos.

Por supuesto que esta búsqueda por aportar al bien común debe ser una constante en nuestras vidas. Sin embargo, como ocurre con otras fechas conmemorativas a lo largo del año, la Navidad nos ayuda a reencontrarnos con la verdadera esencia del humanismo y con el mensaje de esperanza que debe guiar nuestros actos para mejorar el mundo.

 La Navidad en tiempos de Covid-19

Debido a la pandemia, para nadie es una sorpresa que la celebración de la Navidad deba experimentar un sinfín de cambios respecto a los festejos que acostumbramos tener en años anteriores.

El Covid-19 nos ha orillado a modificar las dinámicas de las grandes reuniones y los largos abrazos a familiares y amistades. Sin embargo, en lugar de cancelar esta celebración, la hemos adaptado.

Esta situación nos ha puesto a prueba a nivel individual, familiar y social. La incertidumbre y el desasosiego se convirtieron en un determinante de nuestro día a día que, en mayor o menor medida, ha tenido impacto en nuestra salud física y mental.

A pesar de la incertidumbre y de un sinfín de posibles escenarios fatales, hemos demostrado que somos capaces de salir adelante. Aprendimos a valorar las pequeñas cosas de la vida cotidiana y los momentos de reflexión a través de los cuales pudimos conocernos a nosotras/os mismas/os con mayor profundidad.

Descubrimos que, al ser una pandemia de duración incierta, lo mejor que podíamos hacer era preservar la esperanza y fortalecer nuestros vínculos más esenciales para hacerle frente.

Hemos comprendido que debemos priorizar la calidad del tiempo de convivencia sobre la cantidad. Entendimos la importancia de valores como la unidad, la responsabilidad, la compasión y el compromiso como ingredientes fundamentales para mantener la cercanía en una época en la que el contacto es visto como un riesgo.

Con todo esto logramos reencontrarnos con el verdadero mensaje de la Navidad y entendimos que, ante la ausencia de los grandes festejos, la esperanza y el amor deben desbordarse hacia el interior de nuestros hogares.

El papel de la educación en el humanismo

Así como ocurre en el núcleo familiar, hay distintos entornos en los cuales podemos aprender y poner en práctica los valores necesarios para ser personas más humanas. La escuela es uno de los espacios más importantes para ello.

La Universidad Iberoamericana, además de ofrecer a sus estudiantes una educación de la más alta calidad, se encarga de darles una formación integral que se traduzca en la construcción de una sociedad más libre, solidaria, justa, incluyente, productiva y pacífica.

La IBERO es una universidad que se rige por los fundamentos jesuitas, por ello es una institución que respeta y dialoga con ideologías, creencias y formas de pensar diferentes, de la misma manera que lo hizo Jesús de Nazaret, cuando dialogaba con el soldado romano o la mujer sirofenicia, pues en la diversidad radica la riqueza de su comunidad.

En este sentido, la IBERO asume el compromiso de formar a los hombres y mujeres que México necesita para su presente y su futuro, gracias a un modelo educativo caracterizado por la utilidad, la promoción de la justicia, el humanismo y la vivencia de la fe.

Esto, con el objetivo de que las personas que egresen de esta institución no sólo cuenten con un sinfín de conocimientos y habilidades profesionales, sino que tengan la disposición de actuar, desde sus respectivas áreas, en favor del bien común 

Este es el mejor momento para reflexionar, de manera individual y social, cuál es nuestro papel en el contexto actual. Preservemos la unión y, hoy más que nunca, mantengamos viva la esperanza.

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