Fake news, ¿La otra pandemia?

Fake news, ¿La otra pandemia?

A principios de 2020, la OMS (Organización Mundial de la Salud) declaró los peligros de la “infodemia” a fin de poner en alerta a la población mundial sobre el crecimiento preocupante de las fake news

En la coyuntura sanitaria que se vive en todo el mundo, los campos que más se han visto afectados son la comunicación y el periodismo, derivado de la necesidad de confinamiento, el cual ha obligado a la población a depositar una confianza ciega en la información difundida por los medios de comunicación masiva. Lo anterior ocasionó que la propagación de fake news fuera en aumento y se desataran comportamientos irracionales por parte de los ciudadanos, tales como crisis nerviosas y/o compras de pánico, entre otros (Elías & Catalan – Matamoros, 2020). La pandemia de COVID-19 es la primera en su tipo que tiene gran visibilidad en las redes sociales y eso no debe traducirse necesariamente como una ventaja pues a partir de febrero de 2020 ha quedado de manifiesto el aumento evidente de información falsa tanto en los medios tradicionales y sobre todo en los digitales (redes sociales, sitios web y mensajería instantánea) (Hao & Basu, 2020).

El hecho de que actualmente se propague un mayor número de noticias falsas no debe provocar indiferencia entre los diferentes sectores sociales dado que, si bien gran parte de la responsabilidad está en los medios de comunicación, el rol que juegan las audiencias en ese sentido también permite inferir que hay una actitud alarmantemente pasiva por parte de los consumidores ante un asunto de interés público que es cada vez más preocupante: la imposibilidad de discernir entre la información verdadera y la falsa.

El objetivo de este ensayo es hacer una reflexión sobre la gravedad de subestimar el impacto de las fake news en un entorno tan delicado como el de la pandemia COVID-19 y a fin de exponer de manera concreta la argumentación al respecto, el escrito se estructura de la siguiente forma: primero se realizará un abordaje teórico del término fake news; posteriormente se expondrán las causas por las que en el contexto de la pandemia el impacto de las noticias falsas no debe subestimarse. Finalmente se proponen algunas alternativas para ejercer el derecho que tienen todos los ciudadanos a exigir que los medios de comunicación cumplan con su función verificadora y proporcionen información fidedigna.

Fake news, un mal innecesario

Desinformación: una epidemia de todos los tiempos

A pesar de que en la última década ha cobrado gran importancia tanto a nivel cotidiano como a nivel académico, la difusión de noticias falsas ha estado presente desde la antigua Grecia (Smith y Cohen, 2018). No obstante, fue en el siglo XIX cuando el crecimiento de dicha difusión comenzó a ser exponencial en los medios de comunicación de aquel entonces. Uno de los ejemplos más sonados fue la dramatización de la novela “War of the Worlds” hecha por el locutor y guionista Orson Welles con el fin de hacer una broma de Halloween. Welles se encargó de sembrar el pánico a millones de radioescuchas norteamericanos que, durante algunos minutos, creyeron que una lluvia de meteoritos con naves alienígenas en su interior caería en Nueva Jersey y Nueva York para apoderarse del planeta Tierra. Esto fue una muestra de que a través de los medios de información y valiéndose del poder de convocatoria que se tiene en la posición de comunicador, se puede desatar el pánico y crear una atmósfera poco favorecedora para el raciocinio (Parra & Oliveira, 2018).

Joseph Pulitzer, creador de los premios periodísticos que llevan su nombre, es considerado uno de los fabricadores más grandes de fake news, al usar el periódico del que era dueño para propagar versiones amarillistas de los hechos a fin de lograr un aumento en las ventas del diario New York World (Bhaskaran, Mishra, & Nair, 2017).

Así como en ese tiempo Pulitzer y otros dueños de medios de comunicación pensaron en aderezar las noticias con la finalidad de obtener mayores ganancias sin importar el valor de la información verídica, es posible dar cuenta actualmente de cómo las agencias noticiosas, al igual que los propios medios tradicionales y digitales han sacado provecho de las redes sociales y la gran cantidad de información falsa que en ellas se difunde para obtener clics o vistas en sus notas informativas.

De igual forma, en el ámbito político, las campañas de desinformación tienen un enorme peso sobre todo en cuestiones electorales, pues existen casos en varias partes del mundo en los que los actores políticos, con el apoyo de medios de comunicación crean campañas negativas cuyo componente esencial es la emoción del miedo, afectando de alguna forma la calidad de participación o movilización ciudadana (Guerrero & Arellano, 2012). Ejemplos muy sonados de la afectación del fenómeno de la desinformación o de las fake news son el proceso del Brexit en Reino Unido, los procesos electorales de 2012 y 2018 en México y el proceso electoral estadounidense de 2016, en el que resultó ganador Donald Trump. En este último caso, incluso, se suscitaron varias investigaciones que arrojaron que de dicha campaña se generaron 115 noticias falsas que beneficiaron a Trump y que se compartieron vía Facebook millones de veces en comparación con las 41 fake news favorables hacia Hillary Clinton (Alcott & Gentzkow, 2017).

¿Por qué no subestimar las fake news?

Por lo anterior, se pueden inferir las causas por las que no se puede subestimar el impacto que tiene la propagación indiscriminada de fake news en un contexto tan vulnerable derivado de la pervivencia de la pandemia COVID-19 en la mayor parte del globo terráqueo. Primero, para nadie es un secreto que la diseminación de fake news con el afán deliberado de engañar a los públicos es ahora parte de una problemática mundial debido también a la posibilidad de viralización gracias a Internet y las redes sociales. Segundo, la forma en la que el uso y abuso de las redes sociales e Internet por parte de los ciudadanos se ha normalizado puede ser también equivalente a la normalización misma de las fake news, lo cual se traduce en la tercera causa: una actitud pasiva de la sociedad ante la incapacidad de reconocer información falsa cuando ésta se les muestra.

Ciudadanos activos e informados, ¿antídoto contra las fake news?

Toda la argumentación presentada en líneas anteriores nos invita a hacer una reflexión sobre las alternativas que se tienen como consumidores de medios de comunicación para exigir una transparencia y democratización en la información que se proporciona, ya que ésta no debe estar supeditada simplemente a las estrategias políticas, la propaganda o a la creación y difusión de campañas negativas.

En un primer orden, es necesario tomar responsabilidad de nuestro consumo informativo, esto es, no confiar ciegamente en que por autoproclamarse medios o comunicadores responsables, los periodistas proporcionarán en todo momento información fidedigna, dado que la participación como audiencia requiere un compromiso similar que el de la participación en las decisiones políticas de la sociedad que se habita.

Asimismo, el papel verificador y de exigencia favorece una democratización más efectiva y transparente de la información que se consume, pues da la posibilidad de disentir, cuestionar y vigilar constantemente la veracidad de las noticias que se difunden.

A pesar de que los medios de comunicación se encuentran en interdependencia con el mercado o con el poder político, hay que tomar en cuenta que las audiencias han cobrado mayor importancia al abandonar el rol pasivo que predominaba incluso en teorías de la comunicación y modelos como el de la aguja hipodérmica de Harold Lasswell (1902 – 1978), gestada en el siglo XX (1920 – 1930) y desechada precisamente al descubrir que las audiencias no eran actores pasivos que permanecerían indefensos cuando se les “inyectaba” determinada información.

Al final, lo que debe imperar como primer paso es un criterio analítico que por lo menos permita dudar como primera reacción a la información que llega, a fin de que cuestionar y lograr una disciplina de reconocimiento de información falsa se convierta en un ejercicio que obligue a los medios de comunicación a fomentar consumo responsable de información y hacer efectivo el profesionalismo de quienes difunden información, sobre todo en un contexto en el que el confinamiento ocasionado por la pandemia COVID-19 trae consigo incertidumbre, pánico y cuando lo que más se requiere es solidaridad, certezas y unión entre los ciudadanos.

Autora: Pamela Azpeitia Macías

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